Movilidad y futuro: petroleo, inestabilidad global y turismo
Uno de los problemas del análisis de las relaciones entre uso de petróleo y alimentos es reducir todo el tema al transporte de estos productos desde la fábrica hasta los lugares de venta. Pero este punto de vista es demasiado reduccionista, como se puede leer a partir del trabajo de Felicity Lawrence:
“La agricultura tradicional se ha convertido, no en una forma de hacer el mejor uso posible de nuestros recursos finitos, sino en un sistema de transformar el petróleo en comida. Casi todos nuestros alimentos necesitan petróleo para su producción. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, los alimentos actuales consumen aproximadamente 10 calorías de energía obtenida por medio de combustibles fósiles por cada caloría de energía nutricional que aportan”.
En limpio: el agotamiento de los recursos en combustibles fósiles no sólo llevará a un problema con el transporte y la provisión de combustibles para la movilidad, como se piensa habitualmente. El tema es mucho más profundo: en las actuales condiciones de producción, nos lleva a una crisis alimentaria.
¿Y qué tiene que ver todo esto con el turismo? Como analizamos en El siglo de la movilidad, el hecho de haber llegado al pico de la producción de petróleo implica una serie de problemas estructurales muy importantes en el futuro de los viajes organizados. El más importante es que sin provisión de combustibles a precios razonables, no hay turismo masivo. Los “biocombustibles” no parecen ser la salida. En todo caso, sólo lograrán incrementar el valor del grano, y agregar más presión sobre el precio de los alimentos, que ya sufrirían de manera muy acentuada el problema de la escasez de petróleo y los problemas de la distribución. Pero agrega un elemento clave al mercado turístico: el peligro de una mayor inestabilidad global. Y ya saben lo poco tolerante que es el mercado masivo de viajes a los problemas de seguridad.
Aquí vale la pena retomar algunos de escenarios del futuro que se plantearon en 2023 y el futuro del turismo. Dos de ellos merecen ser retomados. El más simple de imaginar es el de “Price and privilege“: a medida que aumentan los costos, la posibilidad de viajar se reduce a una elite muy adinerada. Pero una crisis en la producción de los alimentos, como la que analiza como posibilidad Felicity Lawrence, nos lleva directo a otro de los escenarios propuestos: “Divided disquiet“. Allí, el mercado de viajes sufrirá no sólo por el aumento del petróleo. También impactará de lleno la creciente inestabilidad global derivada de la carestía de los alimentos y otros problemas vinculados con la caída en la producción de petróleo.
Una pregunta casi obvia es: ¿de qué plazos estamos hablando? Los escenarios citados en el párrafo anterior están pensados en un plazo que va de los 10 a los 15 años desde ahora. O sea, que los cambios comenzarán a darse en la próxima década, y se profundizarán de manera muy marcada desde 2020.
Pero no toda la inestabilidad global puede ligarse al problema del petróleo, aunque sea un elemento clave. Mañana nos ocupamos de una relación bastante particular: el impacto de la caída del “socialismo real” en la seguridad aérea, a partir del trabajo de Loretta Napoleoni.
La cita a Felicity Lawrence está tomada de la página 67 de ¿Quién decide lo que comemos?, Barcelona, Tendencias / Ediciones Urano, 2009. La foto de la plataforma petrolera pertenece a mikebaird y fue publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.
El agotamiento de los recursos petroleros que se irá dando en las próximas décadas suele ser poco discutido. Muchos asumen que aparecerá alguna forma de reemplazarlo, vía energía nuclear, biocombustibles u otra tecnología. Pero lo cierto es que por ahora ninguna de las estrategias propuestas alcanzaría siquiera para cubrir una parte sustancial del actual consumo de petróleo. Algunos datos:
* De acuerdo a Fatih Birol, director de Estudios Económicos de la OCDE, para 2030 se puede estimar que no más del 7% de la demanda mundial de combustible será cubierta por biocombustibles. Y éstos no son una alternativa que pueda suplir al petróleo, al menos por las dimensiones actuales del consumo. Por ejemplo, para llegar a ese 7%, hay que sembrar una superficie comparable a Australia, Japón, Corea y Nueva Zelandia. Y los costos de producción continuarán siendo altos (pueden ver una nota que el diario Clarín le hizo a Birol en este enlace).
* Seguir una estrategia de producción masiva de biocombustibles llevaría a usar una parte sustancial de la producción de granos e insumos al mercado de combustibles. Por lo tanto puede esperarse un incremento del valor de los alimentos. Ya en la actualidad hay cientos de millones de personas que pasan hambre en el mundo, y es bastante evidente que, si aumentan los alimentos, los que peor la pasarán serán los más pobres.
* Ya que la cité ayer, podemos leer otro párrafo del libro de Felicity Lawrence, que está concentrado en particular en la producción de alimentos en Gran Bretaña:
“Uno podría comportarse de manera irracional aferrándose a soluciones inviables (al agotamiento de los recursos petroleros), como, por ejemplo, el hidrógeno. En vano; para hacer funcionar todos los coches del Reino Unido con hidrógeno se necesitarían 67 centrales nucleares (…) o un parque eólico mayor que toda la región suroccidental de Inglaterra. O los biocombustibles. Tampoco: se necesitarían más de 25 millones de tierras cultivables para poner en marcha los vehículos británicos con biocombustible, y el Reino Unido sólo dispone de 5,7 millones de hectáreas. ¿Importaciones? Hay más de 800 millones de persones desnutridas en el mundo”
Hay que analizar este tipo de datos frente a algunos puntos que aparecen más inciertos. Si bien todos hablan de que la llegada del “pico de producción” de petróleo no está muy lejos, los pronósticos se sitúan entre 2010 y 2030. Es que no se conoce con precisión cuántas reservas reales cuenta el planeta, ya que pueden aparecer nuevos yacimientos en el futuro. Aunque parece bastante evidente que los países de la OPEP, la organización de países petroleros, comenzará a ver declinar su producción a partir de 2015.
Todo esto, desde ya, no deja de ser prospectiva. O sea, un planteo de cuáles son algunos de los escenarios futuros en el mundo, a partir de la información con la que contamos en la actualidad. Desde ya, siempre pueden aparecer elementos nuevos para llevarnos a cambiar los pronósticos. Pero por ahora parece bastante evidente que la humanidad ha creado todo un sistema de producción de alimentos y movilidad basado en la disponibilidad barata de combustible. Y que en las próximas décadas todo ese modelo va a ser puesto a prueba, a medida que las reservas petroleras disminuyan.
Bibliografía
Lawrence, Felicity (2008) “Carnes y verduras” en ¿Quién decide qué comemos? Cómo el negocio de la alimentación perjudica la salud, la economía y el medio ambiente. Barcelona, Tendencias / Urano, 2009.

